Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como poesía

Habitación Dickinson

  Junto a una luz que se va vemos más intensamente, que junto a un pábilo que perdura. Hay algo en el vuelo que aclara la vista y embellece los rayos . Emily Dickinson Son las 18.47 de la tarde. Domingo. Los días ya alargan un poco. Pero enero. Hace apenas un rato todavía podía verse entre las nubes un pequeño destello de lo que fue el día que ahora termina, una minúscula marca de luz entre las nubes. Apenas pasan coches. Los domingos son así. Parecen tumbas. A veces he pensado que la muerte se debe parecer a una tarde interminable de domingo. Sin embargo, estoy viva, reluciente de vida, y leo a Emily Dickinson. La leo rápido, sin detenerme apenas. Saltando entre los poemas. Casi sin pausa. La leo sin entenderla del todo, pero sonriendo. Me sorprenden el sentido del humor, las finas ironías. Aunque me abruma lo que en la traducción me pierdo. Porque el inglés. Incluso el español. Es raro. A veces intento explicarlo en clase, pero no sé si me...

Patria del desasosiego

Mi patria es ahora una ventana luminosa de ordenador en la que refulge el blanco. Pequeños caracteres van llenando de negro apenas un pequeño porcentaje de la superficie. Lo demás es silencio. Un silencio preñado de sentido que parte de los versos en los que Ana Blandiana celebra su patria A4. Su folio inmaculado.   La patria del desasosiego. “¿Conseguiré alguna vez/ descifrar las huellas que no se ven?” Lo leo y siento el temblor de las palabras que podrían ser dichas, el leve terremoto del pensamiento mientras busca una forma en la que materializarse. El blanco me mira desde la pantalla. Y muy cerca de él, junto al teclado, el blanco roto del libro recién cerrado   ( Mi patria A4 , Pre-textos, 2014)   se me antoja abierto todavía. Lo escucho. Habla de poesía. Del torbellino de la poesía cuando busca enunciar lo que es de nadie porque es del pensamiento. De lo que la poesía no dice. De lo que las palabras dejan sin decir. Porque la casa del poeta está llena de p...

Como decíamos ayer

Ayer fue la primera palabra que escribí en un poema cuando tenía ocho años. Fue ayer y lo parece. Porque recuerdo la luz de la tarde de agosto en la parte trasera del chalet, donde el viento soplaba un poco más fresco. Y a mi abuela sentada en la silla de enea, haciendo sus labores o leyendo revistas. Y también la emoción de las palabras. Y el olor del cuaderno. Y otras cosas que quizás no ocurrieron pero que mi imaginación ha ido añadiendo a ese recuerdo con el paso del tiempo. Ayer, hoy, mañana. ¿Cuántos ayeres han sucedido desde entonces? ¿Cuántos mañanas esperan en el lado de las cosas aún no sucedidas? Ayer entró Fray Luis a su cátedra en la Universidad de Salamanca, después de cinco años de cárcel, y mirando a sus alumnos, de la misma manera en que lo hiciera cada día antes de su cautiverio, empezó la lección repasando lo dicho en el día anterior. Corría el año 1574. Diciembre. Dicebamus hesterna die... Y ayer decíamos, en clase, que Fray Luis fue uno de los representante...