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Mostrando las entradas etiquetadas como Natalia Ginzburg

Nuestros ayeres*

Cada mirada que vuelve, conserva un sabor de hierba y de cosas impregnadas del sol del ocaso sobre la playa. Conserva un aliento del mar. Como un mar nocturno es esta sombra vaga de ansias y antiguas emociones, que el cielo roza y cada noche regresa. Las voces muertas se parecen al embate de ese mar. Cesar Pavese, en Retrato de un amigo, en Las pequeñas virtudes , de Natalia Ginzburg Saber que el mundo está lleno de pequeñas cosas bellas que ni siquiera imaginamos que existen, cosas como sentarse en la mesa de trabajo, abrir un libro que nos ha regalado alguien que siempre regala buenos libros y al cabo descubrir que ya es de noche, que la huella de una pequeña lágrima imprevista ha manchado un pie de página, que un ser cuya existencia desconocíamos hasta hace unas horas se ha cruzado en nuestras vidas como una rama de hiedra que se enlazara en el tronco de los pinos que plantaron mis padres en el jardín antes de que yo naciera. Se llama Natalia Ginzburg y ...