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Entradas

El oficio de vivir

No bastan las veleidades, las furias y los sueños; se necesita algo más: cojones duros.                                                      C.P. El extraño artilugio de un poema es una imperturbable realidad que soporta flemática, sin daño, cualquier definición.                                   Es una joya que resplandece en sus palabras justas, las ágatas pulidas de una lengua. Un silogismo para concebir el hecho inconcebible de estar vivo. Un camarada fiel que cobijamos y en la noche del alma nos cobija, Una semicorchea en el concier...

La higuera

¿Es locura —o bien juicio recobrado— detener el andar, pararse en medio de la acera del día para hablarle al árbol retoñado que se encuentra delante de nosotros? Para hablarle muy de cerca aunque mudos y por dentro, sin musitar palabra, pero hablarle como lo haríamos ante el amigo bueno con quien estamos siempre a gusto. Yo me detengo a veces de este modo. Me pongo en un rincón, junto al lugar que ya se había transformado en casa, en seguro recinto de la vida, y oigo el temblor de todas esas hojas como un pueblo con una sola lengua; escucho el agua de ese movimiento que es libertad al tiempo que destino, y en su verdor iluminado aprendo a ser mejor y más el ser que quiero.       Antonio Moreno ,  en Nombres del árbol ¿Qué hay en los árboles, en algunos árboles, que imanta nuestro ánimo y nos iza y nos habla y conmueve? ¿Qué algoritmo de tiempo y eternidad señala en nuest...

Febrero

Cada mes de febrero empiezo el mismo poema. Anoto mentalmente el primer verso cuan do giro la curva que conecta la pista de Ademuz con la CV-336. Luego todo prosigue como siempre: las clases, las reuniones, los deportes, las citas, las lecturas, las compras, los recados. La emoción del poema se va desvaneciendo día abajo y al llegar a la noche apenas es un hilo de voz y no hay palabras que logren darle forma. Sin embargo, a la mañana siguiente, al tomar la rotonda, la misma rotonda gris de todos los días, descubro que la emoción persiste detrás del quitamiedos, desnuda y recortada contra un cielo amarillo, rebosante de luz, de poesía. ¿Cómo hará para ser, en tan breve intervalo, la misma cosa, otra? Prometo recordar esa pregunta y escribir el poema justo antes de entrar al instituto. Luego todo se borra con la goma del tiempo y es otra vez el día -ya siguiente- y yo voy en mi coche conduciendo y apenas se divisa la salida hacia Bétera ya siento que me sube la leve turbación ...