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Las cosas del campo

Leer. Acompañar la vida con más vida. Hacer que la primavera florezca el doble. Ser una pieza más del universo: un leyente entre pinos desgajando palabras, escondido en el ritmo feliz de la naturaleza: el agua del aspersor, el croar de las ranas, el trino constante de los pájaros (quién sabe cuáles y por qué), las voces aledañas: ¡buenos días!, el aleteo pertinaz de las palomas… Todo unido a la música de las líneas que se enredan como ramas con el mundo, y lo duplican. Leer por ejemplo Las cosas del campo , mientras tiembla de verdes el jardín. Que las palabras acompañen a la nube, que la empujen más alto, que la llenen de seda y de misterio. O pensar bien el barro: su blandura, su olor, su manto fértil. En la sombra del níspero, comprender variaciones, ritmos de cosecha, ausencias de fruto y flor. Adivinar el miedo y la compasión en la muerte de un escarabajo. Y también su belleza. Levantar la vista del libro: acostumbrado como está al trajín de lo urbano, el ojo tarda un...

Visita a Elca

Estos momentos breves de la tarde, con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés, o el súbito posarse en el laurel dichoso para ver, desde allí, su mundo cotidiano, en el que están los muros blancos de la casa, un grupo espeso de naranjos, el hombre extraño que ahora escribe. Hay un canto acordado de pájaros en esta hora que cae, clara y fría, sobre el tejado alzado de la casa (...) Lamento en Elca , Francisco Brines  Al fondo del camino, la casa duerme un sueño de muros encalados y antiguas buganvillas sobre un valle repleto de naranjos. Una línea de azul ultramarino dibuja el horizonte. Las voces de los visitantes van llenando cada rincón: la alberca y el estanque, la sala principal con sus retratos, el jardín interior, la escalera que da a la biblioteca y hasta el cuarto de baño de suelo ajedrezado. Lentamente la casa va saliendo de su ocasional letargo y la luz de la tarde se suma a la alegría de voces y de pasos con que pasan las ho...

Pedagogía del paisaje

No sólo es ir al campo a caminar en buena compañía es advertir que la vida prosigue con su baile de siempre, ajena a la avidez de nuestra mirada, independiente de nuestro análisis y nuestro conocimiento, de nuestras preocupaciones, que alegre y descuidada se despliega y repite y desparrama en aromas y flores, en insectos y trinos, en verdes incontables, inmersa en su atavismo de regresos y huídas, de ruedas infinitas, en sus ganas de darse sin porqué. Las retamas radiantes y excesivas, los mudos alcornoques y sus siglos a cuestas, el rodeno y las jaras florecidas, los remansos de agua y los helechos, las aliagas, los pinos, las hormigas, el zumbido feliz de las abejas, el canto de las aves, las luces que dibujan sobre el suelo la silueta de un cardo, el aroma suave del cantueso y el verdín de los troncos en la umbría. Todo sigue su curso a pesar nuestro, prosigue su canción mientras intento cantar en estas líneas su efusión incansable. Un lagarto despierta tras el muro de u...

El oficio de vivir

No bastan las veleidades, las furias y los sueños; se necesita algo más: cojones duros.                                                      C.P. El extraño artilugio de un poema es una imperturbable realidad que soporta flemática, sin daño, cualquier definición.                                   Es una joya que resplandece en sus palabras justas, las ágatas pulidas de una lengua. Un silogismo para concebir el hecho inconcebible de estar vivo. Un camarada fiel que cobijamos y en la noche del alma nos cobija, Una semicorchea en el concier...

La higuera

¿Es locura —o bien juicio recobrado— detener el andar, pararse en medio de la acera del día para hablarle al árbol retoñado que se encuentra delante de nosotros? Para hablarle muy de cerca aunque mudos y por dentro, sin musitar palabra, pero hablarle como lo haríamos ante el amigo bueno con quien estamos siempre a gusto. Yo me detengo a veces de este modo. Me pongo en un rincón, junto al lugar que ya se había transformado en casa, en seguro recinto de la vida, y oigo el temblor de todas esas hojas como un pueblo con una sola lengua; escucho el agua de ese movimiento que es libertad al tiempo que destino, y en su verdor iluminado aprendo a ser mejor y más el ser que quiero.       Antonio Moreno ,  en Nombres del árbol ¿Qué hay en los árboles, en algunos árboles, que imanta nuestro ánimo y nos iza y nos habla y conmueve? ¿Qué algoritmo de tiempo y eternidad señala en nuest...