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Algunas gotas de lluvia

Si eran infinitas las burbujas que el brazo dibujó cuando nadabas en la azul superficie de los días o las motas de polvo que en la tregua de un domingo infantil se quedaron flotando por el cuarto; si eran incontables las ganas de volver y las de verte e incontables los granos que en la arena del mundo disolvieron la dureza mortal de nuestra espera, ¿por qué nos obstinamos en contar el caudal de las horas? Nada sabe la gota en la ventana de cuántas ni de cómo habrá de ser su frágil duración. Sólo brilla un momento en su ignorancia de gota singular y su destello inunda la mirada antes de irse: un instante tan sólo que cae,     que se deshace        que ya es agua.                                          (Inédito) Sólo un breve vistazo al número y a la fecha, apenas una somer...

Leyendo a César Simón en la terraza

Pero este ardor del cuerpo -de este cuerpo presente- esta revelación de no ser nada ¿no nos revelan algo? El silencio absoluto ¿no corresponde   a alguna suerte? Abre de par en par las puertas que conducen a las hondas estancias resonantes. Camina con la fiebre de la conciencia clara, con el paso tranquilo que se interna hacia dentro. Acaso una ventana abierta en grueso muro te depare un jardín en el hondo silencio de la tarde. C.S. Como cada verano estás leyendo a César Simón en la terraza. El rumor de las cigarras ensordece el paisaje, envuelve la lectura en una irrealidad atemporal y cíclica. Es difícil distinguir unos días de otros, unos años de otros. Igual que las cigarras, sus versos forman parte de este tiempo, son parte del verano, pincel y diapasón de un mundo repetido: el jazmín huele más y hace más daño la flecha de su aroma en los largos mediodías de agosto. El jazmín y el verano y los versos de César y los cuartos vacíos y...

Una iluminación

… Ahora bien, pero es lo cierto que de hecho nada pasa, sino que eternamente seguimos condenados todos, cada uno a ser el que es, y no otro nunca, sino siempre el mismo, y, por lo tanto, en realidad no somos innumerablemente iguales, sino todos el mismo y uno solo, y es la necesaria voluntad de cada cual de ser el que es, no otro,   la que hace que las cosas necesariamente sean lo que son, que sea el Ser el que es y pueda proclamar con insufrible fanfarronería “Soy el que soy” ... Agustín García Calvo, Sermón de ser y no ser Volvía a casa ya. Iba atenta a los coches, a las cosas   que haría al regresar: nada veía. La sombra de la bici proyectaba su silueta alargada entre los campos, y yo no la veía. Pasaba, circulaba, hasta que algo muy simple y muy extraño iluminó la escena y todo se volcó. De pronto yo era todos los que alguna vez fueron en esa coordenada, en esa luz: la madre que habitaba en unas ruinas que antaño fueron casa, el homb...

Ordenando papeles

Adolescente fui en días idénticos a nubes, cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, y extraño es, si ese recuerdo busco, que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy. Luis Cernuda, Donde habite el olvido Es una tarde de domingo de 1994. La chica está en su casa con los deberes sin hacer. Han cambiado la hora, y anochece muy rápido, y una nostalgia densa, irrespirable, anida en su habitación, junto al flexo naranja. No ha sido capaz de encontrar una excusa para bajar a la calle. Afuera están las cosas que desea. En su carpeta, fotografías de Kurt Cobain, portadas de los Led Zeppelin, mandalas coloreados con ceras Manley, dibujos a medio hacer y entradas de discoteca. Como el tiempo no pasa de ninguna manera   y en su cuarto vacío apenas pasa nada, decide llenar su soledad escribiendo en un folio todo lo que le ocurre. Es algo, por otra parte, que le pasa bastante a menudo. Ha leído a algunos autores, pocos; ha sentido vivamente l...

Escribir por la mañana

“… es la mañana lo que nos hace creer. Siempre hay que partir al alba cuando se camina. Para acompañar la salida del sol. Y en   esa hora indecisa, en esa hora azul, se siente como el balbuceo de la presencia. Andar por la mañana significa reconocer la pobreza de nuestra voluntad, en el sentido de que querer es lo contrario de acompañar” A propósito de Thoreau, Frédéric Gros, Andar una filosofía. El aire de las cosas aún no hechas se mueve entre las copas de los pinos. Es una brisa fresca y olorosa que despierta a las ramas con su canto de siglos. Es el mismo de todas las mañanas y es siempre distinto. Los pájaros dormidos asisten a este rito, lo cantan, lo celebran en un idioma indescifrable. Todo parece ordenado y limpio, azul clarísimo, casi blanco. Atrás queda el desorden de la noche turbia, de los sueños y las sombras acechantes, atrás queda el silencio de las horas dormidas. Cantar es celebrar que todo empieza de nuevo y que se abre ante nosotros la ilusión de un n...

El alma de los vilanos

“El sueño más cercano, se aleja incumplido” E.D. Algunos domingos, mientras mis padres dormían, yo me quedaba despierta en la cama, quieta, en silencio, mirando y fabulando con las cosas que había en aquel cuarto. Aún no sabía (o al menos no lo sabía de una forma consciente) que cuando uno se para o se detiene no sólo el tiempo se adensa, también la percepción se multiplica en un sinfín de planos, que sólo en la inmovilidad se aprecian realidades apenas perceptibles en el movimiento incesante de los días. Aprendí a detenerme en las horas tempranas de aquellos domingos infantiles y quizá también a ver las cosas de otra forma: la temperatura en aumento de la luz filtrada por los vanos redondos de la persiana, su dibujo de burbujas encendidas flotando en la pared del cuarto, las extrañas siluetas que las cortinas y su estampado de flores adoptaban en el juego de las sombras, las interpretaciones de mi imaginación, los hilos de luz de mis pestañas... Y también el polvo, el polvo...