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Entradas

El patio del colegio

Circunstancias administrativas que evito relatar, me han llevado estos días a tener que asistir a un curso al lado del colegio donde estudié cuando era pequeña. Quiere el destino también que en estos mismos días esté traduciendo a palabras algunos recuerdos y memorias de aquellos tiempos lejanos. Porque a veces, muy pocas pero muy intensas, las cosas se alían delante de nosotros para mostrarnos el mundo con una intensidad redoblada. La gente normal les llama casualidades. Nosotros, los poetas, preferimos llamarlo emoción poética. Y en ella me sumerjo cada vez que paso por aquella zona, igual que se sumergen mis ojos en el agua de la fuente que aún perdura en el patio del colegio. Una fuente de mármol con cuatro caños pegada a la pared de ladrillo  caravista  y que apenas me alcanza la rodilla. Así de pequeños fuimos. Más bajos que mis muslos. Pequeños e independientes para correr y jugar y beber y caernos y llenarnos las rodillas de peladuras y hacer cola en la fuente cua...

Clases de literatura

“Se ha escrito que la belleza es ‘lo que resplandece y deslumbra’ (Homero), una manifestación del bien (Platón), la armonía entre las partes (Aristóteles), otro nombre de la gracia espiritual (Plotino), ‘aquello que complace universalmente sin necesidad de concepto’ (I. Kant), ‘un reconocimiento de lo general en lo particular (A. Schopenhauer), un tónico que hace más digerible la verdad (F. Nietzsche), un exorcismo contra la muerte (G. Leopardi), ‘un instinto social’ (E. Burke), ‘una promesa de felicidad’ (Stendhal), ‘la inminencia de una revelación que no se produce’ (J.L. Borges), un indicador de calidad genética (E.O. Wilson) y no sé cu ántas cosas más. Más allá de definiciones teóricas y más acá de una emoción compartida, la belleza de un libro existe únicamente en la mente del que lo lee.” Santiago Berruete, Cultivar la mirada, Verdolatría A veces me devano los sesos intentando explicar en clase qué es literatura. Sobre todo porque odio las definiciones que vienen en lo...

Arte de agradecer

“Frío en abril es poesía” Antonio Cabrera, Gracias, Distancia ,  Ed. Cuadernos del vigía Hay libros que al cerrarlos nos llenan de gratitud: de amor a la vida. Libros que nos emocionan y enseñan, que se abren como flores en el pensamiento después de haberlos leído. Libros que al alejarse de nosotros no se hacen pequeños sino grandes. Pensar, agradecer, reflexionar, necesitan de la lejanía y son necesarios para vivir. Como dice Josep María Esquirol en su libro La penúltima bondad resulta imprescindible aprender a agradecer con gracia, porque el agradecimiento “es un don sobre un don; una generosidad que es respuesta a otra generosidad”. Si alguien da las gracias nos está entregando una parte de sí, nos muestra su adhesión, dibuja una correspondencia.  El libro de aforismos de Antonio Cabrera, Gracias, distancia , recién publicado en Cuadernos del Vigía, es un motivo más por el que estar agradecido, una razón para reflexionar sobre lo importante que es dar las gracias. ...

Doblar calcetines

Cuando era pequeña, mi madre me enseñó a doblar calcetines de una forma muy peculiar. Era una de las tareas domésticas que me correspondía hacer, así que el aprendizaje permanece intacto en mi memoria. Para no alargarnos demasiado en la descripción de la técnica, diremos que el método, al que podemos llamar método Ramiro, consiste básicamente en plegar el calcetín de un modo que facilita la puesta en el pie de su propietario. El proceso, como cabe imaginar, exige que cada calcetín sea tratado de forma individual antes de convertirse en esa bola informe que irá a parar al cajón junto a todas las demás bolas anónimas de calcetines.  Como hoy tengo algo de tiempo y el día además acompaña, me he dado el gusto de doblar los calcetines sin prisa, deleitándome en cada paso, mientras pienso en cómo doblarán los calcetines las nuevas generaciones y de qué modo esa forma de doblar será un signo de nuestro tiempo. Confirmo mis temores más tarde en Internet: las nuevas técnicas de ...

Otoño en Windsor blanca sobre fondo negro

Vivir es frecuentar pequeños rituales. Liberarse de la incertidumbre con el salvavidas de la repetición. Al fin y al cabo, los ciclos de la naturaleza en cuyo baile vivimos se nutren de esos retornelos. Somos regreso, retornelo, repetición. Por eso buscamos insistir. Insistir en aquello que nos une al círculo y a la naturaleza, en aquello que nos recuerda que seguimos girando. Por eso adoro las rutinas, la repetición, los ritos. Y sus variaciones. Uno de los más antiguos que recuerdo es el de acudir al cine cada otoño para ver la última de Woody Allen. Empieza el colegio, caen las primeras lluvias, estrenamos medias y botas, y vamos al cine para ver cómo se las ha ingeniado el genio este año. Recibir el otoño es, desde que soy adolescente, sentarme en el cine y sonreír mientras veo desfilar las palabras blancas con tipografía Windsor sobre el fondo negro a ritmo de jazz. Tenía 16 años cuando se estrenó Poderosa Afrodita y me escapé una tarde al recién const...

Empezar V

Ahí los tienes de nuevo, y aquí tú: los artesanos de lo etéreo, nuestras alas de cera, el canto dado a nadie y porque sí. Felipe Benítez Reyes “Y entonces se produjo un encuentro con un profesor de literatura que estaba loco perdido. Tenía un aspecto alucinado, llevaba los pelos de punta, la cara casi de color azul, bizco. Iban juntos hasta el borde del mar y allí, a voz en grito, el profesor leía a Gide, a Baudelaire (sus pasiones, sus amores). Deleuze dice que se transformó, dejó a partir de ese momento de ser idiota. La enseñanza es un lugar privilegiado de contagio del deseo. (…) Un profesor especial, atípico, se convierte en un viento que barre toda la tontería.” Maite Larrauri, a propósito de Deleuze y del Deseo Ha vuelto el mirlo. Su sombra negra pasea por el césped buscando algún gusano que echarse al pico. Parece que nunca se hubiera marchado, que fuera ayer su canto diciéndonos la última lección de la primavera. Han vuelto muchos pájaros. Lo...

Las nueve

La luz de las nueve sobre el mundo inventa las cosas de nuevo, las crea en su despedida: es la lucidez del enfermo antes de su desaparición. La verdad del color queda en suspenso durante las horas centrales, se desvanece su intensidad. Quizás porque el color nunca está quieto, quizás porque tan sólo es puro en su abstracción. La montaña a las nueve en los días de estío nos deja los colores verdaderos de las cosas: los verdes amarillos del algarrobo, los verdes grises del olivo, el verde azulado del romero. A las nueve de la tarde, quince minutos antes de la puesta de sol, todo se precipita hacia su mejor versión: los cardos se visten de una gama infinita de matices, desde el amarillo solar -casi fluorescente- de los cardos comunes, hasta el azul más violáceo del cardo yesquero, el rojo tierra de las hojas secas de la parra, el blanco verdoso y aterciopelado de las almendras entreabiertas. Yo estoy buscando hinojos: amarillo manchado de polvo contra el cielo poniente. Antes los veía a ...