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Prestar atención

“Como la mayor parte del tiempo la pasamos inmersos de mil maneras en lo impersonal, cuando salimos del flujo nos hallamos al principio desconcertados - ¿no es significativo que cueste tanto aguantar la soledad y el silencio?-, pero luego empezamos a ver…” Josep María Esquirol   Desde dentro la montaña no se ve. Hay que ir a los valles para poder mirarla. Desde los valles del Camp de Turia, la Sierra Calderona es un relieve azulado hecho de aire. Aún no son las nueve. Sin embargo, las características meteorológicas -nublado con sol poniente en día de calor asfixiante- convierten el paisaje en un territorio imaginario. El contraste de naranjas y azules, la cresta ardiente de los árboles, el polvo amarillo en suspensión, llenan de irrealidad las imágenes que el camino me regala. No sólo he cambiado la perspectiva. También el ritmo. El trote de mis pies conforma una música distinta que se une al compás de mi respiración y al estridor resistente de las cigarras. He subido por...

Los libros mágicos

Como este año me han tocado grupos un poco inquietos y rebeldes en el instituto, estoy usando más que nunca la imaginación. Veo excusas para el juego por todas partes, y en cada juego o excusa una posibilidad de aprender algo. Lo hago muchas veces: dejar los ejercicios y las fichas a un lado y tratar de enseñar de otra manera. Asistida quizás por este espíritu lúdico y aventurero, hace unas semanas se me ocurrió decirles que el libro de poemas que tenía encima de mi mesa era un libro mágico: si lo abrís con el corazón (les dije modulando la voz) y dejáis vuestra voluntad en manos del azar (ahí dejé que la mirada se me perdiera en el fondo de la clase), hallaréis en el poema que os salga al encuentro algo que os sirva para interpretar vuestras vidas, para conocer vuestro futuro. Porque este libro (y puse la palma abierta de mi mano encima de la portada) es un libro capaz de adivinar lo que os está pasando. Un río de manos se alzó entonces al aire para pedírmelo. Porque cuando tiene...

Mujeres trabajadoras

Mi bisabuela nació en 1889. Un año después que el turrón más caro del mundo. No es que quiera hacer un chiste, es que quiero subrayar lo mucho que ha llovido desde entonces. Se casó joven y se vino a vivir a una casa en el barrio del Carmen. Siendo aún una niña, a los 19 años, tuvo a su primera hija, que sería mi abuela. Según cálculos de mi tía la mayor, mi bisabuela debió de pasar aproximadamente por 12 embarazos: cinco hijas, tres niños muertos antes de los dos años y un buen puñado de abortos. Las tres últimas tuvieron que ser criadas por un ama, porque a ella ya no le quedaba leche para amamantarlas. Las amas de cría lo eran muchas veces porque sus bebés habían muerto. Salvaban al bebé de otra con las cenizas de su maternidad truncada. Otras tenían para los suyos y los de las demás: eran hermanos de leche. Una de las tres niñas que dieron, una gemela, murió sin cumplir el año. Además de madre, mi bisabuela era comadrona. Ayudaba a traer al mundo los be...

El patio del colegio

Circunstancias administrativas que evito relatar, me han llevado estos días a tener que asistir a un curso al lado del colegio donde estudié cuando era pequeña. Quiere el destino también que en estos mismos días esté traduciendo a palabras algunos recuerdos y memorias de aquellos tiempos lejanos. Porque a veces, muy pocas pero muy intensas, las cosas se alían delante de nosotros para mostrarnos el mundo con una intensidad redoblada. La gente normal les llama casualidades. Nosotros, los poetas, preferimos llamarlo emoción poética. Y en ella me sumerjo cada vez que paso por aquella zona, igual que se sumergen mis ojos en el agua de la fuente que aún perdura en el patio del colegio. Una fuente de mármol con cuatro caños pegada a la pared de ladrillo  caravista  y que apenas me alcanza la rodilla. Así de pequeños fuimos. Más bajos que mis muslos. Pequeños e independientes para correr y jugar y beber y caernos y llenarnos las rodillas de peladuras y hacer cola en la fuente cua...

Clases de literatura

“Se ha escrito que la belleza es ‘lo que resplandece y deslumbra’ (Homero), una manifestación del bien (Platón), la armonía entre las partes (Aristóteles), otro nombre de la gracia espiritual (Plotino), ‘aquello que complace universalmente sin necesidad de concepto’ (I. Kant), ‘un reconocimiento de lo general en lo particular (A. Schopenhauer), un tónico que hace más digerible la verdad (F. Nietzsche), un exorcismo contra la muerte (G. Leopardi), ‘un instinto social’ (E. Burke), ‘una promesa de felicidad’ (Stendhal), ‘la inminencia de una revelación que no se produce’ (J.L. Borges), un indicador de calidad genética (E.O. Wilson) y no sé cu ántas cosas más. Más allá de definiciones teóricas y más acá de una emoción compartida, la belleza de un libro existe únicamente en la mente del que lo lee.” Santiago Berruete, Cultivar la mirada, Verdolatría A veces me devano los sesos intentando explicar en clase qué es literatura. Sobre todo porque odio las definiciones que vienen en lo...

Arte de agradecer

“Frío en abril es poesía” Antonio Cabrera, Gracias, Distancia ,  Ed. Cuadernos del vigía Hay libros que al cerrarlos nos llenan de gratitud: de amor a la vida. Libros que nos emocionan y enseñan, que se abren como flores en el pensamiento después de haberlos leído. Libros que al alejarse de nosotros no se hacen pequeños sino grandes. Pensar, agradecer, reflexionar, necesitan de la lejanía y son necesarios para vivir. Como dice Josep María Esquirol en su libro La penúltima bondad resulta imprescindible aprender a agradecer con gracia, porque el agradecimiento “es un don sobre un don; una generosidad que es respuesta a otra generosidad”. Si alguien da las gracias nos está entregando una parte de sí, nos muestra su adhesión, dibuja una correspondencia.  El libro de aforismos de Antonio Cabrera, Gracias, distancia , recién publicado en Cuadernos del Vigía, es un motivo más por el que estar agradecido, una razón para reflexionar sobre lo importante que es dar las gracias. ...

Doblar calcetines

Cuando era pequeña, mi madre me enseñó a doblar calcetines de una forma muy peculiar. Era una de las tareas domésticas que me correspondía hacer, así que el aprendizaje permanece intacto en mi memoria. Para no alargarnos demasiado en la descripción de la técnica, diremos que el método, al que podemos llamar método Ramiro, consiste básicamente en plegar el calcetín de un modo que facilita la puesta en el pie de su propietario. El proceso, como cabe imaginar, exige que cada calcetín sea tratado de forma individual antes de convertirse en esa bola informe que irá a parar al cajón junto a todas las demás bolas anónimas de calcetines.  Como hoy tengo algo de tiempo y el día además acompaña, me he dado el gusto de doblar los calcetines sin prisa, deleitándome en cada paso, mientras pienso en cómo doblarán los calcetines las nuevas generaciones y de qué modo esa forma de doblar será un signo de nuestro tiempo. Confirmo mis temores más tarde en Internet: las nuevas técnicas de ...