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Entradas

Cada mañana

Cada mañana piso las hojas amarillas del paseo que me lleva al garaje. Las piso sin pensar en lo que hago, sin apenas saber lo que eso implica: su crujido se funde con el ruido del tráfico temprano y nada pasa pues sigo mi camino convencida de que todo prosigue como siempre. Algunos transeúntes caminan a mi lado, dibujan cremalleras de vidas que se cruzan con la mía: el niño acompañado de su abuela, la mujer del almuerzo y los tacones, el joven con mochila que acelera su paso al ver pasar a unas muchachas. Después me subo al coche. Recorro la Gran Vía como siempre, con los ojos aún presos en su nube de sueño mientras miro los ficus que me miran al girar el semáforo, los años tatuados en su tronco. La radio va gimiendo su salmo de noticias pasajeras. Ya a punto de salir de la ciudad presiento la cojera del clochard que mendiga entre coches cada día, el vaivén de su gorro dando saltos, su acento desdentado, y busco unas monedas para darle. El contacto es muy breve: muchas...

Empezar IV

Cuando yo iba al instituto el curso empezaba casi en octubre. Entre bienvenidas, presentación de asignaturas y puentes, nos plantábamos prácticamente en noviembre: abrigados con bufandas y gorros, con botas y leotardos, enamorados ya del chico de la última fila o enemistados con el tonto de la clase de al lado. Casi todo el tiempo nos dedicábamos a contemplar el vuelo de las moscas mientras el mundo se detenía a nuestro alrededor. Hoy echo la vista atrás y contemplo ese paréntesis que fue mi vida, esas horas en blanco que fueron muchas veces mis años de educación secundaria, para intentar ver si saqué algún provecho, para contarles a mis alumnos nuevos qué fue lo que aprendí y qué es lo que me gustaría enseñarles este curso. No recuerdo muy bien las horas concretas pasadas entre aquellas paredes, tan sólo un conjunto de sucesos aislados y un edificio con puertas y árboles donde aprendí a socializarme, a enamorarme y a desenamorarme, a conseguir que la clase comprendiese la imp...

Septiembre

Asiste al cielo ingrávido que troca su color encendido hacia la noche, contempla el orear de las agujas de los pinos y el aire, la veloz transición de cada nube: es septiembre otra vez y todo gira de nuevo sobre el centro de tu esfera. No cierres las ventanas. Abrígate y contempla cómo el verde se muda en fluorescencias amarillas, cómo encienden las cosas su cima en plenitud, como queriendo alcanzar en su altura los últimos retales de este día. Quédate en la terraza. Asume que este instante de carnal realidad en el que habitas  es obra de tu mano. Y deja que te empape, que te llene de vida con los últimos delirios de un sol que es sol de agosto todavía, de un agosto que brilla más si cabe  porque ya se termina. Extiende tu presente, amarillea tu cresta hacia la luz, tu deseo más alto, tu más cielo, hacia el último sol y reverbera.

Algunas gotas de lluvia

Si eran infinitas las burbujas que el brazo dibujó cuando nadabas en la azul superficie de los días o las motas de polvo que en la tregua de un domingo infantil se quedaron flotando por el cuarto; si eran incontables las ganas de volver y las de verte e incontables los granos que en la arena del mundo disolvieron la dureza mortal de nuestra espera, ¿por qué nos obstinamos en contar el caudal de las horas? Nada sabe la gota en la ventana de cuántas ni de cómo habrá de ser su frágil duración. Sólo brilla un momento en su ignorancia de gota singular y su destello inunda la mirada antes de irse: un instante tan sólo que cae,     que se deshace        que ya es agua.                                          (Inédito) Sólo un breve vistazo al número y a la fecha, apenas una somer...

Leyendo a César Simón en la terraza

Pero este ardor del cuerpo -de este cuerpo presente- esta revelación de no ser nada ¿no nos revelan algo? El silencio absoluto ¿no corresponde   a alguna suerte? Abre de par en par las puertas que conducen a las hondas estancias resonantes. Camina con la fiebre de la conciencia clara, con el paso tranquilo que se interna hacia dentro. Acaso una ventana abierta en grueso muro te depare un jardín en el hondo silencio de la tarde. C.S. Como cada verano estás leyendo a César Simón en la terraza. El rumor de las cigarras ensordece el paisaje, envuelve la lectura en una irrealidad atemporal y cíclica. Es difícil distinguir unos días de otros, unos años de otros. Igual que las cigarras, sus versos forman parte de este tiempo, son parte del verano, pincel y diapasón de un mundo repetido: el jazmín huele más y hace más daño la flecha de su aroma en los largos mediodías de agosto. El jazmín y el verano y los versos de César y los cuartos vacíos y...

Una iluminación

… Ahora bien, pero es lo cierto que de hecho nada pasa, sino que eternamente seguimos condenados todos, cada uno a ser el que es, y no otro nunca, sino siempre el mismo, y, por lo tanto, en realidad no somos innumerablemente iguales, sino todos el mismo y uno solo, y es la necesaria voluntad de cada cual de ser el que es, no otro,   la que hace que las cosas necesariamente sean lo que son, que sea el Ser el que es y pueda proclamar con insufrible fanfarronería “Soy el que soy” ... Agustín García Calvo, Sermón de ser y no ser Volvía a casa ya. Iba atenta a los coches, a las cosas   que haría al regresar: nada veía. La sombra de la bici proyectaba su silueta alargada entre los campos, y yo no la veía. Pasaba, circulaba, hasta que algo muy simple y muy extraño iluminó la escena y todo se volcó. De pronto yo era todos los que alguna vez fueron en esa coordenada, en esa luz: la madre que habitaba en unas ruinas que antaño fueron casa, el homb...

Ordenando papeles

Adolescente fui en días idénticos a nubes, cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, y extraño es, si ese recuerdo busco, que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy. Luis Cernuda, Donde habite el olvido Es una tarde de domingo de 1994. La chica está en su casa con los deberes sin hacer. Han cambiado la hora, y anochece muy rápido, y una nostalgia densa, irrespirable, anida en su habitación, junto al flexo naranja. No ha sido capaz de encontrar una excusa para bajar a la calle. Afuera están las cosas que desea. En su carpeta, fotografías de Kurt Cobain, portadas de los Led Zeppelin, mandalas coloreados con ceras Manley, dibujos a medio hacer y entradas de discoteca. Como el tiempo no pasa de ninguna manera   y en su cuarto vacío apenas pasa nada, decide llenar su soledad escribiendo en un folio todo lo que le ocurre. Es algo, por otra parte, que le pasa bastante a menudo. Ha leído a algunos autores, pocos; ha sentido vivamente l...