Vivir es frecuentar pequeños rituales. Liberarse de la incertidumbre con el salvavidas de la repetición. Al fin y al cabo, los ciclos de la naturaleza en cuyo baile vivimos se nutren de esos retornelos. Somos regreso, retornelo, repetición. Por eso buscamos insistir. Insistir en aquello que nos une al círculo y a la naturaleza, en aquello que nos recuerda que seguimos girando. Por eso adoro las rutinas, la repetición, los ritos. Y sus variaciones. Uno de los más antiguos que recuerdo es el de acudir al cine cada otoño para ver la última de Woody Allen. Empieza el colegio, caen las primeras lluvias, estrenamos medias y botas, y vamos al cine para ver cómo se las ha ingeniado el genio este año. Recibir el otoño es, desde que soy adolescente, sentarme en el cine y sonreír mientras veo desfilar las palabras blancas con tipografía Windsor sobre el fondo negro a ritmo de jazz. Tenía 16 años cuando se estrenó Poderosa Afrodita y me escapé una tarde al recién const...
Blog personal de Lola Mascarell. Historias cotidianas, del aula a la poesía