nube

nube

lunes, 11 de julio de 2016

Acompañar

“Yo voy acompañando al árbol siempre…
Siempre voy paralelo al desarrollo del árbol… “.
Antonio López. El sol del membrillo.



De todo el léxico didáctico que nos acompaña a final de curso, momento de buenos propósitos para el año entrante y demás pamplinas burocrático-administrativas, me quedo con una palabra: acompañar. No creo que haya que hacer mucho más en el ámbito de la educación obligatoria. Acompañar al alumno mientras él va aprendiendo, mientras está en clase, mientras toma el almuerzo, mientras se angustia porque la chica del pupitre de enfrente lo ha rechazado, mientras golpea con fuerza la pelota para demostrar que es más fuerte que los demás, mientras pregunta a sus compañeros sobre cómo debería afrontar determinado problema, mientras se pelea con su memoria al intentar recordar la estrofa de una canción o las leyes de la termodinámica. Estar ahí, que sepan que estamos: mientras escribe su primer soneto y cree que el lenguaje se ha inventado para que él pueda escribir ese soneto, cuando se cae del árbol al que se había subido por ver si desde allí conseguía que la amiga le hiciera un poco más de caso, cuando descubre que para caminar hay que empujar el suelo hacia detrás, cuando ve en la palabra explayarse un eco del mar lamiendo las orillas del tedio mientras su profesor explica interminablemente la Guerra de la Independencia. Acompañar, estar ahí, prestar atención: escuchar sus historias, hacerles preguntas y caminar con ellos un tramo del camino. Ser testigos y poner a su alcance todas las herramientas del conocimiento que podamos. Por más que queramos enseñar, no enseñamos nosotros, aprenden ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario