nube

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domingo, 27 de mayo de 2018

Cosas que pasan


Hace días que no escribo. Días en que apenas anoto mentalmente versos o secuencias de palabras que al poco se convierten en alimento para el aire. O menos que eso. En nada. Proyectos de poema o de diario que mueren antes de ser siquiera concebidos.
Que yo no escriba no altera para nada el universo. Las cosas siguen sucediendo igual que siempre. Innumerables. En el campo los árboles se han llenado de nísperos y ruiseñores. Los días son cada vez más largos. Los alumnos de este curso empiezan a esfumarse como el vaho de un beso en un cristal. Cada tarde, regresan los vencejos al patio de manzanas. Hace ya algunos días que llevamos tirantes, pero aún no sandalias. El olor de las melias se ha atenuado. Persiste, sin embargo, ingrávido el violeta de tantas jacarandas. Y cuesta resistirse a la llamada de la exterioridad. Los insectos en cambio tienen otros deseos y atraviesan de noche las ventanas de nuestro dormitorio. Empieza a sobrar la colcha. La luz por las mañanas confunde al que madruga todavía. Y unas gotas de lluvia se evaporan discretas en la roja verdad de las cerezas. Hoy vuelvo a cumplir años.
Que yo redacte esto no altera para nada el universo. Pero hay algo al mirar por la ventana más intenso, más alto, más eterno después de haberlo escrito



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